The Color of Coca
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Samuel wears a coca-dyed shirt. Photo by Callie Broaddus
In the village of Miraflor, in Piamonte, Cauca, Colombia, a group of young people and women who previously cultivated coca plants for subsistence—whether for everyday use as alternative medicine or for sale without being involved in the subsequent processing of the leaf—are now seeking a new way to transform this iconic plant through art. Instead of using it solely for healing or commercial purposes, they are experimenting with obtaining plant-based dyes and pigments to color t-shirts, create prints, and design patterns that offer a different perspective on the plant, recognizing its multiple benefits and properties.
“The garments also showcase the identity and creativity of a place with great biodiversity and offer a call to protect it.” — Alexis Ruiz
These people, who previously worked in the coca fields as growers and harvesters, have left that work behind to dedicate themselves to art and the environmental conservation of their lands, where the plantations are still found. They are currently carrying out reforestation projects in areas degraded and fragmented by past management practices. “This undertaking can be one of those contributions to restoration and conservation from the perspective of local art,” says Alexis Ruiz, one of the leading members of the team.
The group, made up of approximately twelve young people and women from the Miraflor community, is actively working on this project and is preparing various designs and prints on t-shirts and other garments to present at an upcoming event. “We’re adding color to everything,” says Johana Arcos, who seeks to start her own business and support new generations through this initiative. The project aims to raise awareness among community members who still work with coca, showing them that the plant has multiple uses beyond those already known. It can be used medicinally, but it can also be used to make dyes, oils, and watercolor pigments for both dyeing garments and painting designs on them. The entire process is artisanal, natural, and organic, and the intention is to share it with more people to invite them to explore the diverse uses this plant can offer.
“One benefit of the coca plant is that it allows us to come together and talk about caring for and making good use of the land.” — Alexis Ruiz
Despite Colombia's efforts to legalize the regulated, industrial, and medicinal uses of coca, the leaf remains criminalized internationally. However, its global status continues to be defined by a single molecule: cocaine.
Its inclusion in the 1961 UN Single Convention on Narcotic Drugs keeps the plant trapped under the stigma of cocaine. This occurs despite the fact that Indigenous communities—and currently their councils—have used it for centuries to combat tiredness, altitude sickness, and hunger. Farmers consume it as a tea, consider it medicinal, and integrate it into their culture.
The people involved in this project live in conditions that differ profoundly from our own, in territories influenced by dissident factions and criminal gangs, where illegal cultivation perpetuates prejudices against any legal use of the plant. In this context, initiatives like Miraflor's acquire symbolic and political value: reclaiming the plant through creativity, culture, and sustainability. Today, Coca, Dyes of the Highlands demonstrates that another narrative is possible.
Written by Samuel Cevallos, after a conversation with Johana Arcos.
Español
En la Vereda Miraflor, en Cauca, Colombia, un grupo de jóvenes y mujeres que antes cultivaban la mata de coca como forma de subsistencia—ya fuera para usos cotidianos como medicina alternativa o para su venta sin involucrarse en el procesamiento posterior de la hoja— hoy busca una nueva manera de transformarla a través del arte. En lugar de destinarla únicamente a la sanación o a la comercialización, están experimentando con la obtención de tinturas y pigmentos vegetales para teñir camisetas, hacer estampados y crear diseños que ofrezcan una visión distinta de la planta, reconociendo sus múltiples beneficios y propiedades.
“Por medio de las prendas también se muestra identidad y creatividad de un lugar con mucha biodiversidad y un llamado a protegerla.” — Alexis Ruiz
Estas personas, que anteriormente trabajaban en los campos de coca como cultivadores y cosechadores, han dejado atrás esa labor para dedicarse al arte y a la conservación ambiental de sus tierras, donde aún se encuentran las plantaciones. Actualmente realizan procesos de reforestación en zonas deterioradas y fragmentadas por el manejo que tuvieron en el pasado.
El grupo, conformado por aproximadamente doce jóvenes y mujeres de la Vereda Miraflor, trabaja activamente en este proyecto y está preparando varios diseños y estampados en camisetas y otras prendas para presentarlos en un próximo evento. “Estamos dándole color a todo”, menciona Johana Arcos, una mujer que busca emprender y apoyar a las nuevas generaciones a través de esta iniciativa. El proyecto pretende generar conciencia entre los miembros de la comunidad que aún trabajan con la coca, mostrándoles que la planta tiene múltiples usos más allá de los ya conocidos. Puede emplearse medicinalmente, pero también permite elaborar tintes, óleos y pigmentos acuarelables tanto para teñir prendas como para pintar diseños sobre ellas. Todo el proceso es artesanal, natural y orgánico, y la intención es compartirlo con más personas para invitarlas a explorar la diversidad de usos que esta planta puede ofrecer. “Por medio de las prendas también se muestra la identidad y creatividad de un lugar con mucha biodiversidad y un llamado a protegerla,” dice Alexis Ruiz, uno de los líderes del proyecto.
“Un beneficio de la planta de coca para encontrarnos y hablar del cuidar o dar un buen uso del suelo.” — Alexis Ruiz
A pesar de los esfuerzos de Colombia por legalizar los usos regulados, industriales y medicinales de la coca, la hoja sigue estando criminalizada a nivel internacional. Sin embargo, su estatus global continúa definido por una sola molécula: la cocaína.
Su inclusión en la Convención Única de Estupefacientes de la ONU de 1961 mantiene a la planta atrapada bajo el estigma de la cocaína. Esto ocurre a pesar de que las comunidades indígenas —y actualmente los cabildos— la han utilizado durante siglos para combatir el cansancio, la fatiga de la altitud y el hambre. Los agricultores la consumen como té, la consideran medicina y la integran como parte de su cultura.
Las personas que forman parte de este proyecto viven en condiciones que difieren profundamente de las nuestras, en territorios influenciados por facciones disidentes y bandas criminales, donde el cultivo ilegal perpetúa los prejuicios contra cualquier uso legal de la planta. En este contexto, iniciativas como la de Miraflor adquieren un valor simbólico y político: recuperar la planta desde la creatividad, la cultura y la sostenibilidad. Hoy, Coca, Tintes de La Serranía demuestra que otra narrativa es posible.
Escrito por Samuel Cevallos, luego de una conversación con Johana Arcos.